“Una
etiqueta orgánica indica al consumidor que para producir un
producto se han utilizado ciertos métodos de
producción. En otras palabras, el término
orgánico denota un proceso, y no un producto”
(FAO, Comité de Agricultura).
Una menta, un
orégano, una mejorana producida mediante
prácticas autorizadas para la producción
orgánica puede muy bien ser idéntica a una menta
producida con arreglo a otros sistemas de gestión
agrícola. Una etiqueta orgánica apunta hoy en
día, al concepto de la agricultura practicada hacia las
décadas de lo 30 y siguientes; con la preparación
de los abonos siderales y perfeccionados hoy en día con el
avance de las ciencias, los nuevos desarrollos tecnológicos
e investigaciones particulares e institucionales.
De acuerdo a la
definición propuesta por el Codex, la agricultura
orgánica es un sistema global de gestión de la
producción que fomenta y realza la salud de los
agroecosistemas, inclusive la diversidad biológica, los
ciclos biológicos y la actividad biológica del
suelo.
Para Meirelles
la agricultura orgánica se sustenta principalmente en un
proceso ético, antes que económico y aun antes
que ecológico. Y se lamenta Meirelles
que “lo que en un primer momento fue una iniciativa
de los propios agricultores para diferenciar el fruto de su trabajo ,
con una marca que los identificase, acabó
transformándose en un intrincado mecanismo que envuelve
leyes, normalizaciones, acreditaciones, inspecciones, contratos,
certificados, sellos y, aun, fuertes intereses comerciales”.
Y en últimas el sobreprecio elitiza el consumo, aleja de los
pobres el producto sano, a que tiene derecho cualquier persona.
¿Pero
qué pasa con la productividad de las granjas?
La experiencia ha demostrado en
los últimos cinco años, que cada productor se ha
ingeniado su propio sistema frente a cierta pérdida de
rendimiento cuando han convertido sus operaciones a la
producción orgánica. Ello es comprensible, ya que
el que trabaja debe ganar dinero, nadie trabaja por trabajar y cosechar
pérdidas, máxime si tiene que pagar una
certificación exigida por los múltiples entes de
control. La FAO dice que cuando la fertilidad del suelo es baja y los
procesos biológicos han sufrido una profunda
alteración, puede que transcurran años antes de
que el ecosistema se restablezca hasta el punto en que sea posible la
producción orgánica. En tales casos puede que
sean más indicados como solución inicial otros
métodos sostenibles que admiten un uso prudente de
sustancias químicas sintéticas. La propuesta es
clara. ¿Una enmienda? Si es así,
Una de las estrategias para
sobrevivir al difícil período de
transición consiste en introducir a la producción
orgánica abonos de síntesis no en forma directa;
sino a través de los procesos de transformación
realizado por los microorganismos endémicos,
benéficos, activos, dirigidos y orquestados durante el
proceso de compostaje. Por ello, será preciso conocer la
procedencia de las materias primas involucradas en el compostaje y la
proporción de su mezcla; evaluar otros factores tales como:
tipo de ecosistema, muestras y análisis de suelos, analizar
la calidad de las aguas desde el punto de vista físico
químico y microbiológico, temperatura ambiente,
brillo solar, humedad relativa, entre otros.
“Comprueben
los Resultados”
*Biol. Javier A. Molina A. U.J.
Certificado en Agricultura Orgánica. U. Nacional de Colombia.